En menos de un siglo de existencia, la televisión se ha convertido en un fenómeno fundamental para explicar los cambios sociológicos de los últimos años.
Parece difícil creer que un avance de semejante trascendencia en la historia de la humanidad se desarrollara tal y como lo conocemos hoy en día en la primera mitad del siglo XX, pero resulta más comprensible si tenemos en cuenta que sólo un sofisticado avance de la tecnología podría permitir el alarde de innovación que supuso la televisión en su momento. Así, antes de llegar a la actual televisión de plasma, conviene recordar lo humilde de los orígenes del televisor. La transmisión de imágenes más o menos fluida comenzó a finales de los años 20 paralelamente en Estados Unidos y en el Reino Unido. Las primeras demostraciones de televisión en color, grabación con luz natural y transmisión en estéreo despertaron el interés de grandes corporaciones como la BBC, que inició las emisiones el 31 de diciembre de 1929. La investigación tecnológica siguió avanzando hasta que varios países crearon sistemas de emisión estándar. Así, Estados Unidos creó la National Television System Commitee (NTSC) con el objetivo de estandarizar la frecuencia de emisión entre todos los aparatos, que se fijó en las 325 líneas. Francia creó su propio sistema, el SECAM, mientras que Alemania se decantó por el PAL.
El desarrollo de la tecnológica televisiva iba parejo con el aumento de la calidad de emisión. Así, de las 325 líneas se pasó a 625 según el estándar europeo, para alcanzar finalmente las 1250 líneas, con 50 imágenes por segundo, o lo que es lo mismo, la televisión de alta definición (HDTV). El televisor como aparato también ha tenido que cambiar considerablemente su estructura para adaptarse a este cambio. De los rayos catódicos, con una frecuencia NTSC de 29,97 Hz y 480 líneas, hemos alcanzado ya los paneles planos de LCD o plasma, como se ha sintetizado la tecnología de cristal líquido de matriz activa, que se usa normalmente para grandes formatos y que permite una nitidez mucho mayor que sus antecesoras, a la espera del perfeccionamiento de sistemas aún más sofisticados como la emisión en tres dimensiones o a través de internet, cuyos primeros modelos ya han llegado al mercado.
Imagen de STEFAN ROEHLER www.modul-a.de